23 oct. 2012

Relato: Las cadenas del lobo II (de II)

Las cadenas del lobo II


Era medianoche y volvía a casa por el parque. De repente, sentí que se me erizaba la piel del cuello. Un ruido a mi espalda y una respiración muy fuerte. Comencé a andar más rápido, sin correr, para poner tierra entre el ruido y yo.

Después de una carrera de unos minutos, paré porque ya me sentía a salvo. Estaba cerca de la salida del parque y podía oír los coches circular. Cuando ya pensaba que me había librado, volví a oír ese ruido. Esta vez delante y encima, entre las ramas de los árboles.

No me atreví a mirar y salí corriendo. La puerta del parque estaba a tan solo 100 metros...Ahora a 90 metros... A 85 metros... A 70... No llegué.

Un ser, de unos dos metros de alto, me golpeó y me lanzó lejos de la puerta. Choqué contra un árbol que se fracturó. Sentí que el golpe me rompía un par de costillas y escupí sangre. Estaba oscuro así que no pude reconocer a mi atacante. Por su fuerza, debía ser enorme. E inhumano.

Me incorporé como pude y puede ver que se escabullía entre las sombras. Era realmente enorme. Oí un aullido tremendo y cerré los ojos, rezando. No podía decidir si quería morir rápido o que alguien me salvase. Solo quería que todo acabara.

Pude ver la puerta del parque y me lancé en esa dirección. Tropecé con un árbol y caí sobre mi móvil, destrozándolo. 'Estupendo' pensé, maldiciendo en todas las lenguas que conocía. Pude oír como ese monstruo me volvía a perseguir. Seguí corriendo hasta que me volvió a emboscar.

Me puse de rodillas y supliqué. Mi vejiga se vació. Se acercó a mí y llevó su boca a la altura de mi cara. El intenso y repugnante olor de su aliento me dio arcadas. Era una mezcla de basura, carne cruda...Abrió su boca y mostró sus colmillos.

Un dolor tremendo recorrió todo mi cuerpo. La sangre caía en cascada por mi cuello. Esa criatura peluda huyó y yo caí desmayado. Mi último pensamiento: 'no quiero morir'.


Me desperté sudando en mi cama. Con las sabanas desgarradas y sin un rasguño. Era muy raro.

De nuevo volví al presente. El lobo de mi espejo me hizo un gesto hacia la ventana. La nube se estaba separando de la Luna. Me iba volver a transformar.

Cuando los primeros rayos de Luna tocaron mi cuerpo sentí un intenso dolor, mi cuerpo se arqueó y se estiró mi piel. Me llevé las manos a la cabeza mientras mis uñas crecían. Las clavé en el cuello, para que cesara el dolor. Rasgué mi piel y gotas de sangre cayeron sobre el suelo.

Mientras, mis piernas se doblaron por las corvas hacia atrás y empezó a salir pelo de todo mi cuerpo. El crecimiento del pelo hacía que me picara toda la piel y me arañaba, queriendo acabar con esa horrible sensación

Mis boca se hizo más alargada y surgieron un montón de colmillos. Mis orejas se desplazaron muy dolorosamente a lo alto de mi cabeza y se hicieron puntiagudas. Las nariz se hizo más pequeña y mis dedos se arquearon y se convirtieron en garras.
Me di la vuelta y corrí hacia la ventana... Salté y el cristal estalló a mi alrededor, creando una lluvia de cristalitos. Llegué al otro edificio y escalé. Hasta la cima.

Allí, encima de la torre, como si fuese la más alta montaña, aullé. Perdí mis últimos rastros de humanidad y aullé. Aullé por la tristeza de mi maldición. Aullé por rabia. Aullé a la Luna.

Ángel G Ropero
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El Bunker
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