24 mar. 2013

Relato: Paciente Cero (I de III)


Paciente Cero
Parte I


No importa mi nombre ni mi posición. Solo importa lo que voy a contar, que es de vital importancia que todo el mundo sepa. No sé si servirá de algo, pero al menos podré vivir mis últimos días con la conciencia limpia.

Yo formaba parte del Ejército español. Uno más de todos aquellos jóvenes que nos alistamos por las oportunidades que daba. Cuántas mentiras. ¿Quién iba a saber que habría una guerra de verdad? Y una guerra como esta.
Entré pronto en el Ejército, con 18 años, y empecé a ascender rápidamente por mi dedicación y disciplina ejemplares. No es por echarme flores, simplemente me encontraba allí como pez en el agua. No me costaba ningún esfuerzo ni las tácticas ni mucho menos obedecer órdenes. Tras dos o tres años, ya era suboficial y pronto subiría más.

Cuando empecé a moverme por los mismos lugares que otros suboficiales, descubrí dos cosas. Primero, que el Ejército no era tan bonito como decía. No había ni tanto amor por la Patria, ni tanta gente fuerte y valiente.
Además, me enteré que los servicios de inteligencia de la OTAN habían descubierto algo. Nadie sabía nada concreto, simplemente se oía hablar de que algo se estaba moviendo. Tambores de guerra decían, pero nada más. Ni quién, ni cuándo iba a estallar. Tampoco se sabía el motivo. Pero sí el cómo.
Esos rumores se extendieron poco a poco a todos los niveles del Ejército. Desde el último soldado al último oficial, todos habían escuchado diferentes versiones. Todas ellas absurdas. Se hablaban de armas de ciencia ficción, de magia, de animales y bestias modificadas genéticamente...
Los superiores trataban de acallar estos rumores, calificándolos de patrañas y cuentos de viejas. Pero se veía en su mirada que a ellos les preocupaba, como a todos los soldados, lo que pudiera estar pasando.

Yo empecé a obsesionarme con la idea de saber más y eso me provocó más de un problema y alguna cruz en mi historial. Mis jefes directos me decían que me concentrara, que tenía un brillante futuro en el Ejército y que dejara de pensar en esas historias. Yo lo intentaba, de verdad que lo hacía, pero era imposible. Algo dentro me empujaba a buscar más y más.
Y afortunadamente fui encontrando más y más información, aunque no sabía qué valía y qué era simple basura. No me importaba, solo estaba acumulando información y destacando aquello que parecía más legítimo.
Gracias a mi posición, hice contactos y pude acercarme a las fuentes más directas de la información. A través de informes descarté los rumores y las versiones más rocambolescas. Ni armas nucleares, ni láser, ni nada que ver con animales modificados genéticamente, ni mucho menos magia. Pero tampoco decían cual era la verdad. Se negaban la mayoría de los rumores y se pasaba tímidamente por el tema principal. Como si tuvieran miedo de que la información cayera en malas manos.
Recuerdo todavía el párrafo final de uno de los informes que leí al comenzar mi investigación. No decía absolutamente nada y algunas partes estaban borradas. Pero lo curioso era ese cierre:

...Por temor a que los enemigos del país y los posibles curiosos, me veo en la obligación de no poner por escrito la terrible verdad a la que hemos tenido acceso (…). Como usted bien sabe, se prepara algo en el Mundo (…). Cuando pase, nada será igual (…). Quizás no me crea, pero esta información es totalmente verdadera. Confirmada con diferentes agentes a lo largo del Globo...

Realmente no decía nada, pero esa frase (quizás no me crea), me hizo darle muchas vueltas a la cabeza. ¿Qué podía decirle a esta persona que fuera tan increíble, pero que la persona que lo escribió estuviera tan convencido de que era verdad?

Poco a poco fui recuperando las pocas pinceladas de información que había y atando cabos. Estaba claro que sí, que un enemigo del mundo libre preparaba un ataque y lo haría como muy tarde en los próximos tres años. Otras fuentes hablaban de cinco, seis e incluso diez años. Ese ataque sería con armas de destrucción masiva nunca vistas. Armas que no provocarían daños materiales, pero que acabarían con el mundo tal y como lo conocemos.
Tras leer centenares de informes llegué a una conclusión: nadie sabía realmente nada y los únicos informes que parecían saber lo que pasaba estaban censurados y no estaban a mi alcance.
Me propuse esforzarme el doble en mi carrera para poder acceder a esa información vedada. Mis esfuerzos fueron recompensados con cartas de recomendación de mis superiores que me felicitaron por el giro que había dado. Al fin, decían, me había olvidado de leyendas y rumores y volvía a ser ese soldado que entró con ganas de comerse el mundo. Yo sonreía con las palmaditas en la espalda, pero por dentro no podía más que seguir pensando en esas historias y en seguir ascendiendo para descubrir la verdad.
Ojalá nunca lo hubiera hecho.  

(Continuará...)


Ángel G Ropero

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El Bunker
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