19 ago. 2013

Reseña: La noche del cetrero - Javier Fernández Jiménez


Un héroe lucharía hasta el fin… pero él no era ningún héroe, era un protagonista accidental de un cuento de terror y estaba aterrado”

La noche del cetrero es una novela de fantasía épica que trastoca todo lo establecido. Es verdad que se suele decir muy a menudo que tal o cual novela es muy original y muy diferente, muchas de las veces, siendo todo lo contrario. Pero en este caso, es cierto.

Y se ve en lo más importante de la historia: su protagonista. Estamos ante un personaje que para nada es un héroe; no es valiente ni es fuerte. Tampoco es un bravo guerrero ni un experto espadachín. La gente le ignora y es un desastre en casi todo. Por si fuera poco, no es simpático ni un bromista. Es feo y no tiene carisma pero, a pesar de todo, te encariñas con él y quieres saber qué le pasará. Porque sufre. Y sufre mucho.
La historia que nos cuenta es todo el viaje que este personaje, Roland, el cetrero real, tiene que hacer desde la Ciudad de la Frontera, para avisar a un poblado cercano de la proximidad del enemigo. Se podría pensar que Roland crece, evoluciona y se convierte durante ese viaje en algo parecido a un héroe. Nada más lejos de la realidad. Y no involuciona porque es imposible ser más inútil.
Es un bonito cambio dentro del género que también podemos ver en Canción de Hielo y Fuego: no hay héroes y no podemos asegurar si terminará o no la novela con vida.


Por otro lado, La noche del cetrero es una novela con escenas muy potentes y visuales: "Roland sabía que era imposible pero vio convulsionarse el cuerpo colgado, como si acabasen de colgarle hace unos segundos". Otro ejemplo bastante bueno es un camino que describe rodeado de estacas, con cuerpos empalados y una fosa común de calaveras, no solo humanas. Javier crea y muestra escenas de gran crueldad sin preservativos, mostrada totalmente a pelo, para el “disfrute” del espectador. Tampoco os asustéis, no es un libro gore, así que vuestros estómagos están a salvo.
No solo construye escenas fabulosas como la anterior. También destaca por frases geniales como una pregunta, casi lanzada al aire: “¿cuánta muerte cabe en este bosque?”

Como toda buena novela fantástica, el mundo que nos presenta está lleno de criaturas imposibles, sacadas en este caso del olvidado folclore español como las lamias. “La inclusión de estos personajes es un guiño a nuestras propias leyendas”. Incluye otros seres como animales antropomórficos, vampiros y alguna que otra sorpresa. Crea así una bella e interesante mitología donde los dioses son fundamentales.
La cosmogonía en la que se basa, choca, como no podía ser de otra manera, con la Religión, que trata de imponerse por la fuerza entre los humanos y destruir a los no humanos “puesto que solo los hombres honraban a la Cruz. (...) la Cruz era la señal de Dios y donde estaba Dios los no humanos no podían acceder”. No se especifica cuál es, pero todo apunta al catolicismo. En palabras de Javier: “la semejanza con el catolicismo es clara, pero podría ser cualquier religión, me he tomado la libertad de jugar con la Inquisición y demás, pero no he llegado a cerrar lo del catolicismo, es una religión con semejanzas... nada más...”

Según se va adentrando en el bosque, y tú en el libro, te das cuenta que Roland está viviendo una suerte de purgatorio, cruzando este bosque infinito y ciclópeo durante una noche que parece no tener fin. La gran pregunta es ¿tiene alguna meta este viaje? Al final parece que sí, que obtiene incluso su recompensa.

Como sorpresa final, Javier nos plantea una última prueba. Es esta una novela con dos finales. El primero, el que todos queremos leer, el que parece que Roland se merece. Pero por otro lado, y solo para los lectores mas exigentes, hay un final alternativo, más apropiado, pues encaja mejor con el resto de la novela. Como si uno de esos libritos de 'Elige tu aventura' se tratara, es el lector quién decide como termina. ¿Cómo terminará tu Noche...?

Ángel G Ropero
--
El Bunker
Los lunes de 17.30 a 19.00 en Radio Ritmo Getafe y siempre en el podcast.