29 abr. 2013

El Género Zombie en España


El Género Zombie en España 

Fans yendo a comprar El Cuarto Jinete:Armageddon.
Ya verás cuando se enteren de que aun no está.
Apenas quedan unos meses para el estreno de Guerra Mundial Z, adaptación de la novela homónima de Max Brooks, que trajo al mundo la revitalización de un género que nunca estuvo muerto del todo.
En España siempre ha habido mucho gusto por el terror. Tanto leerlo y verlo, como crearlo. Algunas de las cintas más reconocidas y con más fans son del género. Y no, Torrente no cuenta. Películas como la trilogía Rec, que ha sido copiada en Estados Unidos, u otras como El laberinto del fauno, Los Otros y El Orfanato.... Por eso, en el Género Z, un subgénero del terror no podía ser menos.

El género llegó a España tras el boom de la novela de Max Brooks y el primero que dio el pelotazo fue Manel Loureiro que empezó a publicar Apocalipsis Z en un blog. Ganó fans y visitas y, al final, la Editorial Dolmen le llamó para publicarlo. Hoy es la novela más importante de zombis en España. Poco tiempo después, Carlos Sisí publicaba Los Caminantes, también con Dolmen que demostraba así su apuesta por el género. Hoy ambos son muy reconocidos y han cerrado su trilogía.

Poco después, Dolmen crea la que hoy se llama Linea Z que, durante los últimos 6 años ha publicado una gran cantidad de novelas y antologías de relatos de gran calidad.
A consolidar el género ayudó el estreno en 2007 de Rec, dirigida por Jaume Balagueró y Paco Plaza. Aunque luego derivará en otras cosas, demostró que los zombis en España habían llegado para quedarse.

Hoy el género está lleno de exponentes de gran calidad como De Madrid al Zielo, La muerte escarlata, El cuarto jinete, Tom Z Stone,... de autores, muchos de ellos, noveles, que están viendo segundas y terceras ediciones y están en las estanterías de El Corte Inglés o de la FNAC. El futuro es incierto, aunque hay quien dice que tras Guerra Mundial Z habrá un nuevo repunte. Otros dicen que caerá. Quién sabe. Lo que sí sabemos es que el presente está muy No Muerto.   

25 abr. 2013

El Bunker 1x21: Michael Fassbender + Javier Rodríguez Acayna ('La indiferencia de los pájaros')


¿Qué decir de Michael Fassbender? Un actor muy de moda con un montón de proyectos interesantes y que no deja indiferente en ninguna de sus actuaciones. Un actor sin tabús que igual se desnuda, que interpreta a un pederasta o a un lider del IRA en huelga de hambre.
'La musa' del director Steve McQueen y de un cine independiente, pero también héroe de un cine más comercial. Es 'Magneto' en X-Men First Class o un sargento yanque en Malditos Bastardos, con Quentin Tarantino.
Dedicamos un largo especial al alemán.


La segunda parte es una entrevista a un escritor novel. Ha publicado 'La indiferencia de los pájaros', una novela donde drama, denuncia social, romanticismo se entremezclan en una interesante y fascinante historia. Él es Javier Rodríguez Alcayna

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El Bunker
Los lunes de 17.30 a 19.00 en Radio Ritmo Getafe y siempre en el podcast.

16 abr. 2013

El Bunker 1x20: Los Debates de El Bunker I



Aquí está la primera edición de 'Los Debates del Bunker' que dedicamos a debatir sobre la vilipendiada 'Cultura Popular', la Cultura de Élites, sus relaciones, la importancia de una, el origen de la segunda...

Antonio, Santiago y David, durante el debate
Para ello contamos con Santiago García Clairac,  autor de El Ejército Negro, Milmort, Maxi el Aventurero.., un viejo conocido, que ya nos visitó hace tiempo y que aporta la visión desde dentro, como profesional de la cultura.
Por otro lado, Antonio (Tolu), que vuelve a los micrófonos de El Bunker para hablar desde el punto de vista del fan de la Fantasía, del Terror y de esa Cultura Popular.
Y en tercer lugar, David, compañero reseñador de Antonio, que da el punto de vista de quien no hace distinciones. Como él dice, se puede leer perfectamente La Iliada de Homero y después las novelas de Stephen King



¿Y vosotros qué pensáis?

Esperamos que os parezca interesante y que lo disfrutéis como nosotros en directo. Habrá más ediciones, porque ha resultado ser una experiencia de lo más enriquecedora.


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Crónica Especial 1x19




Todos los programas de “El Búnker” son especiales, al menos para los que formamos parte de él. Pero hay ciertos programas que recordaremos de manera más especial por diversos motivos.
Ese es el caso del programa número 19 de nuestra pequeña historia. Un programa en el que intentamos ofrecer un poco de todo, aprovechando que celebrábamos el cumpleaños de Sara (pasado, pero más vale tarde que nunca).
Tuvimos cine, literatura y música, pero desgraciadamente la parte de literatura se canceló ya que Alfonso Zamora cayó enfermo. Por suerte ya está bien, así que esperamos que pueda venir pronto al Búnker para hablarnos de su libro “De Madrid al Zielo”, que por cierto, recomendamos al 100%
Pero todo lo demás salió perfecto: el cine fue tratado utilizando como hilo conductor al fallecido actor Heath Ledger, ya que el pasado cuatro de abril habría cumplido 34 años y por ello hemos quisimos hacerle un pequeño homenaje hablando de algunas de sus películas y sus mejores papeles.
Pero más tarde la música invadió nuestro estudio gracias a Miguel Cuesta y a las cinco canciones con las que nos deleitó, junto con los compañeros de su grupo, en un pequeño concierto acústico del que podéis ver más fotos en nuestro Facebook.


Miguel Cuesta, durante el concierto

10 abr. 2013

El Bunker 1x19: Heath Ledger + Entrevista y Acústico de Miguel Cuesta

By Howie Berlin (Flickr) [CC-BY-SA-2.0], via Wikimedia Commons
Os traemos una nueva edición de El Bunker. Un programa más que especial, con temas de música, cine y literatura.
Dedicamos nuestro reportaje a Heath Ledger que este año habría cumplido 34 años si no nos hubiera dejado huérfanos. En unos veinte años de carrera, dejó 23 películas como actor, además de varias actuaciones para televisión.
Se fue, desgraciadamente pronto, poniendo fin a una carrera que habría sido meteórica. Antes, trabajó incluso para Ang Lee o Cristopher Nolan, por comentar algo de lo más destacado.
En el programa destacamos sus películas más emblemáticas, como 10 razones para odiarte, su primer papel protagonista, que comparte con Joseph Gordon Levitt, Destino de Caballero, Brokeback Mountain, Casanova, El caballero oscuro y El imaginario del Doctor Parnasus, sus dos últimas películas, una por la que recibió el Oscar póstumo, y la que no llegó a terminar y en la que fue sustituido por tres actores diferentes.

9 abr. 2013

Aclaración Premios El Bunker.

Hola.

Estamos recibiendo correos de gente votando a determinada novela o relato. Queremos aclarar que las votaciones no están abiertas todavía (aun estamos buscando un sistema) y lo que estamos solicitando en este momento son sugerencias o recomendaciones. Queremos que nos hagáis llegar aquellos cortos, relatos, cómics que conozcáis para que nosotros los tengamos en cuenta. Porque nosotros no conocemos todo lo que se crea y esta es una manera de acercarnos a ello.
Por eso no tengáis vergüenza en presentar vuestro propio programa o web, es lo que buscamos. Y si queréis sugerirnos el de otro, igual.
Eso sí no contabilizamos los mails que recibe cada candidatura porque no funciona así.

Esperamos que haya quedado claro.


UN saludo


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El Bunker
Los lunes de 17.30 a 19.00 en Radio Ritmo Getafe y siempre en el podcast.

8 abr. 2013

I Edición Premios El Bunker Z


I Edición Premios El Bunker Z

El Podcast El Bunker se congratula en presentar la I Edición de los Premios El Bunker Z, que premian lo mejor de la producción cultural del apocalipsis.
Son premios otorgados por el Podcast a determinados autores y colectivos españoles e iberoamericanos que destacan en 6 categorías. En todas ellas está presente el gusto por la producción 'de Genero'; es decir, aquella relacionado con la Fantasía, el Terror y la Ciencia Ficción.

7 abr. 2013

Relato: Paciente Cero (III de III)


Paciente Cero
Parte III

 Nada más traspasar la puerta me encontré con un foso alrededor del cual había una valla de protección. Despacio me acerqué a la valla para poder ver lo que había abajo. Respiré aliviado cuando vi que el agujero estaba vacío. Aunque también vi una puerta de la que, suponía, saldría lo que quiera que hubiera dentro.
–¡Le presento «El Anfiteatro»! –dijo con teatralidad–. Ahora mismo empieza el espectáculo.
Hizo un gesto y varias personas, que estaban ahí y en las que no me había fijado antes, se dirigieron hacia unas palancas.
La puerta chirrió mientras se levantaba, augurando terribles sucesos.
Cuando estuvo totalmente izada, pude oír un sonido que me heló el corazón y que aun hoy lo hace cada vez que lo recuerdo. Un gruñido que fue in crescendo y un golpear de cadenas. Había algo vivo allí.
Tras otro gesto del oficial, los operarios lanzaron una cabra viva al foso. Al caer se rompió una pata y empezó a balar muy fuerte. Un gruñido más fuerte fue la respuesta. La cabra baló asustada y de nuevo un gruñido desde el interior. Cuanto más alto balaba la cabra, más se oían los gruñidos de la cosa.
De pronto una figura humana se abalanzó sobre la cabra clavándole los dientes y las garras. El animal murió al instante y la figura siguió alimentándose de ella.
Cuando se cansó, se dio la vuelta y, puedo jurar, que me miró a los ojos. Y lo que vi no era humano. En algún momento perteneció a nuestra especie. Pero ya no. Compartía los rasgos básicos, como andar erguido y su cuerpo era el de un hombre adulto. Pero nada más.
Sus ojos completamente negros no tenían vida. Sus dientes eran colmillos; sus manos, garras afiladas como cuchillos y se movía como una fiera salvaje, dispuesto a atacar.
–¿Qu... qu…qué… es eso? –logré articular tras pelearme con mi lengua.
–Le presento el futuro –sonrío el oficial: se le veía alegre y triunfal–. El arma definitiva contra los enemigos del mundo libre. Mitad hombre, mitad animal. Este especimen es un asesino imparable.
Sacó la pistola y, antes de que pudiera imaginar lo que iba a hacer, descerrajó varios tiros contra el ser que no se inmutó ni a pesar de que saliera sangre (coagulada, me pareció) de los agujeros de su pecho y su hombro. En ese momento pude fijarme en su piel, pues iba desnudo de cintura para arriba. Era grisácea y estaba llena de cicatrices. Imaginé las torturas y experimentos a los que había sido sometido y tuve un escalofrío. También, no me avergüenzo de decirlo, sentí lastima por esa cosa.
Volví a prestar atención al oficial que hablaba orgulloso de lo que suponía tener algo como esto.
–Nos pone a la cabeza del mundo. Ningún enemigo tendrá ninguna posibilidad. Sueltas uno de estos en el campo de batalla y da al enemigo por vencido...
–Mmm... ¿no? –pregunté, cortando su monólogo–. ¿Hay más de estas cosas?
–Todavía no. Este es el único ejemplar que ha sobrevivido al proceso. Pero no importa: se multiplican. Un mordisco y pam, ya tienes dos. Otro mordisco... y pam, tres. Es maravilloso.
Yo estaba aterrado y muy sorprendido. ¿Cómo alguien podía hablar de una criatura tan terrible y no estar asustado. Es más, estar contento. Y lo que habían hecho... Me di cuenta de que estaba tratando con un loco.
–¿Se lo imagina? Seres inmortales que se propagan y que no necesitan armas, ni munición, ni alimentos. Un soldado perfecto. Un supersoldado.
Sí, pensé, irónico. Un mundo tomado por ellos. Si se escapaban del control, el mundo estaría perdido.
–¿Alguien más tiene algo parecido? –logré articular.
–Afortunadamente, no –puse cara de sorpresa. Empezó a tutearme–. No pongas esa cara. La verdad es que todos los rumores son falsos. Pero nos interesa que parezca verdad para poder lanzar a la batalla a estas bestias cuando entremos en guerra.
–¿Han estado mintiendo todo este tiempo? ¿Incluso al Gobierno y a la Casa Real?
–Por el bien de la libertad, sí.
–Pero... –algo no me cuadraba– usted me dijo que llegó aquí tras investigar los rumores.

No me contestó, estaba mirando fijamente a la cosa que estaba en el foso, dando vueltas como un tigre en torno a su presa. Pude ver como miraba fijamente al oficial, que parecía ajeno a todo, como si lo reconociera, como si supiera que era el responsable de todo su sufrimiento, de todo su dolor. No mostraba ninguna emoción, se limitaba agitar las cadenas, amenazante.
–Te preguntarás de dónde ha salido, claro. Este es un engendro que no ha podido nacer por sí solo, no es natural. Es eso lo que piensas, ¿verdad? –me miró, pero no esperaba respuesta–. Pues tienes razón. Pero solo en parte –hizo un gesto teatral mientras miraba con algo que me parecía amor, o al menos cariño, a esa cosa y añadió–: este ser es resultado de unos experimentos realizados con personas, enemigos todos ellos, aprovechando los conocimientos adquiridos tras investigar numerosos artefactos incas y mayas. En ellos se encontraron unas bacterias de origen desconocido que, convenientemente tratadas, se convierten en esta maravilla.
Yo ya no podía aguantar más. Salí de la sala y vomité en el suelo. ¿Cómo se podía hacer algo así? Tratar de esta manera a los vivos. Y a los muertos. ¿Y con qué motivo?
El oficial salió detrás de mí con evidente cara de desagrado. Pero continuó su exposición, como si tal cosa.
–Esa bacteria muta al compartir el ADN de diferentes seres. De ahí, los rasgos animales, como las garras, o los colmillos. Para conseguir la agresividad usamos cepas del virus de la rabia. Ingenioso, ¿verdad? Y la capacidad de contagio ha sido una agradable sorpresa. No estaba previsto.
Me miró esperando que dijera algo. Al no contestar, mostró cara de decepción y continuó.
–Pues ya lo sabes todo. Conoces al paciente cero, el virus ER32 y la operación. Como comprenderás, ya no podemos dejarte volver tus obligaciones normales. Serás promocionado y traído aquí. Ahora y para siempre, trabajas para mí.

Y eso es todo. Empecé a trabajar en la nave y a ver a menudo a Adán, como llamaban al paciente cero. Me enteré de que era un espía norcoreano y que fue el único superviviente de treinta y un cobayas que recibieron diferentes versiones del virus. Solo el que recibió él tuvo efecto. La mayoría simplemente murieron. Algunos víctimas de una coagulación de la sangre, otros por fallos orgánicos múltiples y muchos por una extraña patología que licuaba los órganos internos. Me dijeron que Adán había muerto durante el tratamiento pero que, a los pocos minutos, se levantó tal y como estaba ahora. Su despertar pilló desprevenido al operario que fue a retirar el cuerpo. No lo contó. Adán lo lanzó una y otra vez contra la pared hasta que se cansó y se lo comió. Cuando los soldados lograron reducirle, no quedaba nada del pobre infeliz. Solo los huesos.
Otra vez mordió a uno de sus cuidadores que murió y, a los pocos segundos, despertó. Se levantó con los ojos negros y largas uñas. Pero tras unos instantes empezó a retorcerse de dolor y murió con la cara ensangrentada. Se había arrancado la piel a tiras.

El resto es historia. Los «enemigos» se dieron cuenta y decidieron pasar a la acción. Infiltraron a un espía y liberaron a Adán. Mató a miles y convirtió a cientos. El primero de ellos, el propio padre de la criatura. Se cuenta que lo devoró con especial desempeño.
Estos súbditos suyos no podían convertir, pero eran tan fuertes y letales como su «padre». Poco a poco, se extendieron por el país. El Ejército contraatacó lanzando a algunos de los hijos al país responsables de liberarlo. A pesar de no ser puros hicieron mucho daño pues se enviaron centenares de ellos.
En pocos días, España estuvo invadida. En una semana se extendió por Europa. En dos, llegó a América y, en un mes, el mundo entero estuvo lleno de hijos de Adán.

Esta es la verdad. Todo fue culpa del Ejercito por mantener algo tan peligroso y por crearlo. Acabo esta comunicación deseándoles suerte a los que la reciban. El mundo se ha ido al traste y todo por la estupidez de unos pocos. Que Dios se apiade de nuestras almas.



(Fin... ¿O no?

Ángel G Ropero

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El Bunker
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1 abr. 2013

Relato: Paciente Cero (II de III)

Paciente Cero
Parte II


Tras dos años más, ya era oficial. La tardanza con la que fui promocionado me exasperó, pues tenía bien presente esos informes que hablaban de un ataque en tres años. Si era verdad, sólo me quedaba un año por delante para enterarme de lo que pasaba.
Al menos, ya estaba en una posición de oficial, por lo que pude acceder a muchísimos documentos. Más de los que me podía haber imaginado.
Seguí investigando y empecé a encontrar al fin información clara. Leí algunos de los informes que ya conocía, como aquél que he citado arriba, sin censurar. Me sorprendí al ver que prácticamente no decía nada más. Era un simple informe preliminar y remitía a otras comunicaciones e informes posteriores.
Pero poco a poco, seguí adentrándome y, como decía, encontré información. Al fin se hablaba de un enemigo concreto. Los últimos países comunistas aliados con el mundo árabe. Pero decir eso era como, en los años de la Guerra Fría, hablar de la URSS. No era más que un enemigo mítico, poco real y que era el responsable de todos los males del mundo. Pero no. Lo repetían tanto y tan seguros que parecía real. Estaban tan convencidos de lo que afirmaban que no daba la sensación de que fuera propaganda.
También seguían hablando de que estallaría un conflicto pronto, que solo hacía falta un detonante. Algo tonto, poco importante, pero muy simbólico. Como en los peores años de la Guerra Fría, bastaba solo un paso en falso para que empezara una guerra como ninguna otra.
Una y otra vez aseguraban que la guerra sería diferente a cualquier otra, pero el cómo seguía fuera de mi alcance. En algunas ocasiones, creía entender algo sobre la temida guerra bacteriológica. Pero cuando parecía que lo iban a decir se limitaban a mencionar «eso». ¿Pero qué era «eso»?

Dejé de comer. Me pasaba los días en el archivo, recuperando trozos de información y analizando de arriba a bajo ciertos textos. Primero creí ver una clave en dos o tres informes. Luego en diez de ellos. Al final, todos ellos tenían textos en clave y códigos cifrados.
Tras varios meses buscando y varias visitas a la enfermería, pues mis días sin comer me estaban pasando factura, ya no sabía si había o no una clave, si era todo producto de mi enferma mente o todos conspiraban para que yo no supiera nada. Me desmayé varias veces, perdí 20 kilos y se me cayó el pelo. No me quedaban amigos, a todos los desprecié y me encerré en mi mundo de documentos secretos.
Finalmente, tras una visita especialmente larga a la enfermería, alguien se puso en contacto conmigo. Había hecho mucho ruido, o eso parecía, pues alguien fue a verme y me dejó una nota en la mano. Al despertar la vi, aun recuerdo el mensaje, lo tengo grabado aunque no decía nada. Solo: 6.05 Cocinas. Lo leí varias veces, para demostrarme a mí mismo que era real, que no era un espejismo.
Al día siguiente me presenté en la cocina, cinco minutos antes de la hora prevista. Di un paseo por si veía algo y saludé a los pinches y cocineros. No había nadie sospechoso. Me senté en una mesa y esperé. Esperé durante 30 minutos y al final nadie apareció.
Enfadado conmigo mismo por haberme dejado engañar me marché. Salí casi empujando a un suboficial que entraba. No me disculpé y salí corriendo para volver a mis archivos.
Llegué a mi despacho y me quité la chaqueta. Pero antes de hacer eso, llevé la mano a mis bolsillos, guiado por una especie de presentimiento. Allí encontré otro papel, arrugado, como el que había en mi mano cuando desperté. Debía habérmelo metido aquél tipo. Leí lo que ponía y casi me da un vuelco.
Salí corriendo otra vez hacia las cocinas, pero allí no había nadie. El supuesto suboficial se había marchado ya y nadie recordaba haber visto a nadie más que a mí entrar allí esa mañana. Les grité que eran estúpidos por no haber visto a la persona que se había chocado conmigo y salí de allí furioso.
En medio del cuartel me quedé parado y volví a leer la nota:
Está a punto de suceder algo. ¿Quieres enterarte? Volveremos a contactar contigo.
Dos líneas que confirmaban lo que yo ya sabía. Se preparaba algo gordo y solo unos pocos lo sabían. Mis investigaciones habían provocado que la gente que estaba enterada se me presentara.
Pero ¿para qué? Me asusté. Quizás querían mantenerme quieto e iban a matarme. O quizás me reclutaban. No sabía qué pensar y esa noche no pude dormir. Tampoco las siguientes y volví a perder peso. Eso sí, dejé de leer archivos y documentos, pues pensaba que pronto tendría respuestas y que era perder el tiempo seguir leyendo los mismos textos que ya había memorizado. Sin embargo, no hacía nada. Me dedicaba a pensar una y otra vez en cuándo se pondrían en contacto conmigo y qué me harían cuando supiera lo que fuera.

Tras varios meses sin ningún contacto, volví a recibir un mensaje de la forma más casual. Estaba en mi despacho, realizando informes, pues había vuelto a mis obligaciones, y entró un secretario con una bandeja de comida. Me sorprendí, pues yo no había pedido nada, pero no me quiso decir nada y solo me respondía con silencio a todas mis preguntas. Al final le di las gracias y le dejé marchar. Cuando cerró la puerta tras él, me levanté de mi mesa y puse el pestillo. No sabía porqué, pero suponía que tanto secretismo tenía que ver con el tema que me llevaba obsesionando todos estos años.
Entre la comida encontré una nota donde volvían a citarme. Esta vez a las 00.04 en la puerta del cuartel. Me asusté aun más si cabe por el hecho de que quisieran verme fuera a esas horas de la noche. ¿Me iban a fusilar?
En fin, daba igual. Si moría que así fuera, pero yo tenía que saber qué estaba pasando.

Esa noche me escabullí y llegué allí a las 00.00. Salí y allí esperé. A los pocos minutos noté una pistola que me presionaba la espalda. Ya está, pensé.
Cerré los ojos, esperando lo peor. Pero en vez de dispararme, la persona de mi espalda me dijo:
–Te voy a poner una venda. El lugar al que vamos es mucho más que secreto.
Antes de que pudiera decir una palabra me taparon los ojos y me empujaron. Empecé a caminar y me llevaron hasta un coche donde, con cierto cuidado, me hicieron entrar.
Tras unos minutos de viaje, la mitad de ellos para despistarme, pensé, paramos. Me sacaron del coche con mayor brusquedad que al principio y me empujaron hacia lo que debía ser un edificio o nave. Solo sé que dejé de oír los ruidos típicos de la noche, como los grillos.
Una vez dentro me retiraron la venda y, poco a poco, me acostumbré a la poca luz que había. Pude ver a mi alrededor a varios miembros del Ejército a los que no conocía, pero los había de todos los rangos. Estaba en una sala pequeña y varias personas estaban alrededor de una mesa con mapas. Yo me encontraba en la pared, al lado de una puerta por la que, presumiblemente, habría entrado. Al otro lado de la sala había otra puerta, con dos soldados a cada lado de ella. No sé por qué pero me imaginé que allí había algo importante. Y también terrible. La puerta despedía un aura extraña y se veía incómodos a los soldados que la guardaban, como si prefirieran pasarse la vida cortando uñas a permanecer allí más de cinco minutos. Todos los que pasaban cerca también lo hacían incómodos.

Tras unos minutos esperando, el oficial de mayor rango se giró hacia mi y murmuró algo a los que estaban a su alrededor. Todo el mundo salió, salvo los de la puerta y un par de personas más. Esperó pacientemente a que saliera todo el mundo y al final habló.
Cuando lo hizo, su voz pareció llenar toda la sala. Hablaba con la autoridad que confiere la experiencia.
–Por fin nos conocemos. –Fui a decir algo, pero me cortó antes de empezar–. No se preocupe, sé que tendrá muchas preguntas, pero ya llegaremos a eso.
Durante unos minutos se presentó (omito su nombre, porque ya hace años que murió y no serviría de nada a nadie), presentó su equipo y me contó como, al igual que yo, empezó a investigar los rumores hace muchos años, una década antes de que yo llegara siquiera al Ejército. Al tener una posición mejor había creado un equipo. Muchos de los informes que yo había leído habían salido de ahí y otros eran refritos de lo que salía de verdad.
Me confirmó que el enemigo tenía unas armas inimaginables hasta la fecha y que no se parecía a nada que se hubiera hecho nunca.
–El enemigo, sí –hizo una pausa–. Se preguntará quién es, claro –hice un gesto afirmativo con la cabeza, invitándole a continuar–. El enemigo es el que usted se imagina –asentí, cabizbajo–. Pero no se preocupe, hemos empezado a buscar una manera de combatirle en su mismo terreno –dijo sonriendo.
Se acercó a mí con un brazo extendido y me agarró suavemente el brazo.
–Venga conmigo: le voy a mostrar la joya de la corona. El arma que nos pone al mismo nivel que los enemigos.
Me guió hacia la otra puerta. Según nos acercábamos mayor era mi rechazo hacia lo que había detrás. Las muecas de los guardianes no ayudaban. Pero no podía hacer nada así que abrió la puerta donde vi lo más horrible que había visto nunca.

(Continuará en la tercera, y última, parte)


Ángel G Ropero
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