20 mar. 2014

Firma Invitada: 'La cola del cine... Ese mundo'


LA COLA DEL CINE... ESE MUNDO.
Por Juan Vicente Briega 


La vida está llena de momentos que nos pasan desapercibidos, momentos insignificantes que sin darnos cuenta nos definen muy bien como personas humanas que somos, la vida está llena de esos momentos vacíos a los que no prestamos atención pero que lo son todo. Uno de esos momentos son las colas que hacemos para comprar las entradas del cine, a simple vista un acto inocuo y sin relevancia pero cargado de significado; no os penséis que voy a clasificar a la sociedad actual basándome en los diferentes prototipos sociales que se pueden encontrar en la cola del cine, de eso nada, lo mío es mucho más simple, yo voy hablar de la gente en la cola del cine, sin más pretensión que haceros soltar una sonrisa mal dibujada en vuestro aburrido rostro iluminado por la pantalla del ordenador a las tantas de la madrugada de vuestra solitaria vida (lo último es broma, pero me he dejado llevar por la efusividad autoral del momento).

Sin saberlo la taquillera o taquillero del cine es espectador habitual de cientos de situaciones diarias que canjea por una entrada de cine y una mísera donación de casi 10 euretes de nada ¿qué le regalamos a ella? discusiones, historias de cómo hemos llegado hasta allí, compras involuntarias porque "en realidad yo no quería ver esa" y mil historias más ¿y qué nos regala ella? la posibilidad de olvidar el mundo durante un mínimo de dos horas y zambullirnos de lleno en la placentera experiencia de ver una película en una sala oscura, con la paz y tranquilidad que ello conlleva. Pero eso la taquillera de turno ni lo sabe ni le importa, ella nos coloca las entradas para la último de Michael Bay mientras ojea el WhatsApp y queda con una amiga para después de trabajar. No observa, no se deleita con el paisaje digno de John Waters que cada día desfila ante ella, pues avisadla, que lea esto rápido y así desde mañana mirará el mundo con otros ojos.

Pongámonos en situación: Sábado, 22:00 horas, la entrada de un cine cualquiera está a rebosar, antes de entrar Manolo, el marido de Puri, la que va cargada con tres niños, una abuela y un "cuñao", apura su Winston y lo tira al suelo a medio apagar. La familia al completo ha salido a cenar y han decidido culminar la noche yendo a ver esa películita con la que los niños llevan dos meses dando la tabarra, una de Dreamworks sobre animales mal dibujados que cantan y bailan como idiotas. Les toca el turno y mientras Manolo paga el cansino "cuñao" le cuenta que le han ascendido mientras al pobre padre de familia están apunto de echarle tras un E.R.E., la mami con los niños a rrastras y la abuela que se mea. Y ¡compra las palomitas Manolo que si no, mal asunto!

No muy detrás de ellos entran la Jenny y el Christian, ella con mayas rosa chillón, él con una camisa abrochada hasta el punto exacto para poder enseñar el colgante de oro (falso) del que tanto vacila. Miran los carteles y se ríen de las películas de autor mientras alucinan con la última superproducción americana de explosiones y persecuciones chorra, aunque les da igual, una vez se apaguen las luces se van a sobar un rato y a reir como borregos el resto del metraje. Al final acaban entrando a ver una de Bertolucci pensando que ¿ese no era el de "Soldado universal"?

Por delante de ellos, con paso firme y decidido llega a la cola Luis, con su novia; este sí que sabe bien lo que quiere ver, lleva dos meses esperando la última de Wes Anderson, se ha leído la ficha de IMDB, ha comprobado los horarios diez mil veces y ha cenado lo suficientemente rápido para no parecer ansioso pero tampoco llegar tarde. Llega a la taquilla y su voz es firme, lo pide rápido, toda una estrategia preparada a sus espaldas; y ya con las entradas y la novia en mano a la sala de cabeza.


Por ahí vienen Jorge y sus amigos porque ¿es que nadie va a pensar en los frikis like me? por supuesto, ellos son la sal de la vida. Hace dos años que vieron el primer avance del teaser trailer de la película que van a ver hoy y se emocionaron, lo publicaron en sus respectivos blogs y desde aquel día glorioso cada nuevo póster o noticia sobre la nueva entrega de la saga que culmina con la entrega que van a ver esta noche les llenaba de orgullo y satisfacción. Se han tirado toda la cena citando frases míticas y relamidas de films anteriores del director y sí, tan cierto como que estoy hoy aquí, van disfrazados de personaje del film, ya sea este Hobbit, orco o Na´vi. Estos no hacen cola, hace casi tres meses que tienen las entradas y las sacan de la cartera como si fuese el billete dorado de Willy Wonka.

Y ya, casi al final de la cola está la pareja de mediana edad, que ha salido a cenar para revitalizar su relación y tener un poco de aventura pero que después de una cena aburrida se dan cuenta de que de aventuras nada y que lo más emocionante que van hacer es ver una película un Sábado por la noche. Estos van a tientas., ojean la sinopsis en dos minutos en su móvil y dudan entre reírse un rato con la última de Jennifer Aniston o ver "esa película de autor que tan bien pone todo el mundo". Cuando les toca preguntan a la taquillera que qué vería ella, a esta se la suda. Al final entran a ver la última de Jennifer Aniston, se pegan cuatro risas y vuelven a casa hablando de que Joselito, el hijo se esconde el tabaco en la mochila cuando no miran.

¿Que dónde estoy yo? Pues a un lado, con las entradas compradas en el cajero y fumando como un descosido, pegando las orejas a conversaciones ajenas, con mi novia molesta al lado porque odia que haga eso, pero mi cotilla interior no puede evitar hacerlo y contároslo luego, para vuestro goce y disfrute.


Juan Vicente Briega, Creador de Microcríticas.
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El Bunker
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