16 oct. 2014

Firma invitada: "Reseñas y reseñadores... O como abrir un blog no te convierte en crítico"


RESEÑAS O RESEÑADORES...
O COMO ABRIR UN BLOG
NO TE CONVIERTE EN CRITICO
Por Athman M Charles 


Hace apenas unas semanas, tuve ocasión de participar en un interesante debate en el muro de uno de mis contactos en Facebook. El tema era ya viejo y recurrente, de esos que suelen repetirse de tanto en tanto y sobre los que siempre terminan vertiéndose las mismas premisas y puntos de vista, planteando las mismas cuestiones y cerrándose de puro hastío sin una conclusión final por parte de nadie. Digo lo de interesante, porque para mí lo es, a pesar de que nunca lleguemos a ponernos de acuerdo y que cada cual se mantenga anclado en su parecer, sin aceptar ni hacer concesiones a la opinión del otro. Resulta curioso comprobar lo difícil que resulta ponerse de acuerdo en cuestiones tan simples, tan cotidianas y que por absurdo que parezca, tan conflictivas como la que hoy os quiero exponer: El fantabuloso mundo de las reseñas literarias.

El calvo que suscribe estas líneas, servidor de ustedes, lleva ya unos cuantos añitos metido en esto de las reseñas y me resulta bastante chocante la cantidad de leyendas, mentiras, medias verdades, confusiones, odios, manías y mala leche que puede generar algo tan simple como el abrir un blog donde uno, porque le da la realísima gana, decide dar su opinión sobre aquello que lee. Desde el momento en que esa opinión sale de tu círculo de amigos íntimos y queda colgada en la red, te arriesgas a que tus gustos, tu criterio e incluso tu persona, sean descalificados, insultados, despreciados, criticados y vapuleados , directa o indirectamente.

Desde el crítico profesional que se siente ofendido por el hecho de que un mindundi como tú, sin carrera ni oficio, se atreva a hablar de literatura, hasta el autor molesto por una mala reseña que se encabrona contigo y te dice que tienes un criterio de mierda y que eres incapaz de apreciar una buena novela aunque esta te saltase a los morros, la editorial que se mosquea porque considera que le estás dando mala imagen o incluso tus propios lectores, que te acusan de todo lo contrario, de que no metes la caña necesaria y eres demasiado blando y magnánimo con algunas lecturas a las que deberías quemar y poner en la picota. Veamos…



En primer lugar, quisiera dejar clara una cosa: Un reseñador NO es necesariamente un crítico. De hecho, en la mayoría de ocasiones, somos simples lectores (curtidos en el hábito y con muchos libros a las espaldas, eso sí), que nos limitamos a dar una opinión personal e intransferible sobre aquello que hemos leído. Lo que nos ha parecido, lo que nos ha hecho sentir, lo mucho o poco que nos ha gustado. Y ya. Podemos entrar en cuestiones de estilo, de ortografía, de funcionalidad narrativa, de diseño, por supuesto. Pero no somos críticos. Ni tenemos la formación necesaria, ni es algo que realmente nos preocupe. Desde luego, nada más lejos de mi intención en meterme en semejantes berenjenales, que por una parte me vienen muy grandes y por otra, no me interesan en absoluto. Y es que hay que tener muy claro la diferencia entre un reseñador y un crítico. Este último goza de unos conocimientos concretos, de una formación adecuada a sus funciones y su tarea difiere de la del reseñador. Estilo, construcciones gramaticales, intencionalidad, metodología, interpretación, etc… Un acercamiento técnico, objetivo, imparcial, más en sintonía con las formas y el oficio, con el análisis concienzudo, con el buscar los cómo y los porqués, que en hablar de la historia en sí misma.  

Un reseñador es aquel que tras haber creado el blog de turno, va colgando pequeñas entradas hablando de sus lecturas, siempre desde un punto de vista subjetivo, de un modo muy cercano, con artículos en los que destaca su propia personalidad a la hora de tratar el tema en cuestión y siempre como parte implicada, condicionado por sus propios gustos personales, sus preferencias, sus manías y su criterio particular. El que a mí una obra me haya parecido maravillosa no significa que el vecino de enfrente tenga que estar de acuerdo con ello. Según su propio punto de vista, para él puede ser una mierda tamaño King Size... Y no pasa nada. Insisto: Gustos particulares, opiniones personales. Y no hay más. Por supuesto, un reseñador siempre deberá defender su postura con argumentos, razonando las causas y explicando los motivos por los que recomienda tal obra o reniega de esa otra. Argumentos basados, como no me cansaré de repetir, en sus propios gustos, sus experiencias, su bagaje lector y mil cosas más que pueden ser relevantes o no para cualquier otro, pero que sí lo son para él. 
Otra cosa que me gustaría discutir, es la reiterada acusación de que la mayoría de reseñadores estamos vendidos a las editoriales. Ellas nos mandan ejemplares de prensa y nosotros, a cambio, les hacemos una reseña que siempre ha de ser positiva. No vas a morder la mano que te da de comer, ¿verdad? Pues error, señores. Aunque supongo que de todo habrá en la viña del Señor, me consta que la mayoría de los que dedicamos nuestro tiempo libre a esto de reseñar, somos honestos. Si una novela es un truño, lo es y punto. Un reseñador experimentado sabe que ni se hacen halagos exagerados, ni se ceba uno yendo a hacer sangre. Ni tanto ni tan calvo. Difícil resulta encontrar una novela, por mala que sea, de la que no se pueda sacar algo positivo. Tú dices lo que hay, expones lo evidente, pero jamás omites aquello que se pueda salvar y que vale la pena rescatar. Y a la inversa, no hay novela tan buena que no tenga algo que mejorar, error que resolver o traba que comentar, siempre de manera constructiva y con la mejor intención del mundo. Os recuerdo que antes que reseñadores, somos lectores. Y como tales, lo que queremos es disfrutar de una buena lectura. Ello significa que flaco favor nos hacemos si obviamos aquello que se puede mejorar o nos empeñamos en no ver aquel diamante en bruto que no ha terminado de funcionar, pero que apunta maneras si sigue puliéndose…

Las editoriales nos ofrecen ejemplares de prensa. ¡Libros por la patilla! Pues si, por supuesto. ¿Os extraña? Echad un ojo a todas la cantidad de sellos que existen en nuestro país. Ahora contad cuantos títulos sacan a la venta cada mes. ¿Cómo podría nadie estar al día en cuanto a novedades, en reseñar el libro del momento, en promocionar aquello que cree que vale la pena, si no fuera de este modo? ¿No lo hacen acaso los videogamers o los blogs de cine? Yo compro libros. Cantidades ingentes de libros. Y soy socio de la biblioteca. Y también intercambio con colegas y familiares. Así, a bote pronto, mi biblioteca personal debe rondar sobre los 3000 ejemplares, más los que voy cediendo a bibliotecas, regalando o metiendo en cajas en el trastero… Y os puedo asegurar que apenas un veinte por ciento de ellos, me han llegado por mi cara bonita. El que crea que por abrir un blog va a convertirse en socio VIP de Correos, de tantos paquetes que va a recibir, no tiene ni puñetera idea de lo que está hablando. Esto es tan sencillo como entender que cuando una editorial accede a mandarte material para tu web, es porque le compensa en forma de publicidad y si además, consigue una buena reseña, pues doble satisfacción para ambos. ¿Recordáis aquello de la simbiosis? Pues eso… Jamás me he cortado de hacer una reseña negativa si el libro no me ha dejado satisfecho. No soy de los que van a cuchillo y me limito a dejar constancia de aquello que no me ha gustado o convencido, haciendo hincapié en lo que si lo ha hecho, sea mucho o poco. Y puedo afirmar que después de tantos años, tan solo una editorial dejó de tener tratos conmigo por ello. La mayoría, por no decir todas, son conscientes de que no todo lo que sacan es tan bueno, de que hay obras y obras y de que si tú no eres honesto, flaco favor les haces a ellos y a tu propio blog, ya que los lectores no son tontos y si resulta evidente que no eres sincero, dejan de leerte, punto. Tan simple como el crearte una reputación. Si es buena, la gente confía en ti. Si es mala, tu blog chapará en menos que canta un gallo. No hay más secreto.

Réplicas, preguntas, insultos y amenazas, a un servidor.

Athman M Charles
es el administrador de Athnecdotario incoherente 
y editor de La Pastilla Roja Ediciones 

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El Bunker
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