12 mar. 2015

Firma Invitada: Forjadores de sueños


FORJADORES DE SUEÑOS
Por Ana Coto Fernández

Los libros deberían de ser forjadores de sueños, donde los más pequeños puedan sumergirse sintiéndose los héroes o las heroínas de las historias, y donde el desenlace final sea dulce o, como mucho, agridulce. Pero, sobre todo, tienen que ser un medio de trasmitir una enseñanza, una moraleja. Algo que les permita aprender sin darse cuenta, que les haga pensar, razonar y, con el tiempo, que lleguen a aplicar lo que han aprendido en su día a día. El problema, no obstante, viene a la hora de fusionar una historia atrayente a sus ojos, que además tenga esos ingredientes que consideramos imprescindibles.


A veces, los adultos nos empeñamos en elegir las lecturas de los más peques para el cole o para casa, sin tener en cuenta sus gustos. Y el resultado, al final, es de lo más decorativo si de adornar estanterías se trata. No es cuestión de darles carta blanca a la hora de elegir sus libros, no, solo que tengan alguna posibilidad de elección dentro del abanico de lecturas adaptadas a su edad.

En mi opinión los libros para niños son los más difíciles de escribir. El porqué es muy sencillo: los niños son los lectores más exigentes. Si no se sienten atrapados desde la primera página, su interés descenderá hasta que al final desaparezca, dejando decenas de libros en el olvido.

Las portadas de los libros hacen su función, claro que sí. Tienen que ser el cebo que les atraiga, que les pique la curiosidad. Sin embargo, es insuficiente sin nada más.

Todos recordamos muchos de los libros que nos obligaron a leer en las aulas. Libros que no habríamos leído de haber podido elegir. Libros que en algunos casos empañaron nuestro futuro gusto por la lectura. Leer requiere una dosis de concentración, tiempo, asimilación de contenidos que se llevará a cabo con más agrado si nos sentimos mínimamente atraídos por el contenido. Los niños, no son menos.

¿Qué ocurre cuando son las editoriales quienes deciden qué deben o no leer nuestros hijos, o cuando permitimos que sean otros quienes antepongan sus propios intereses? El resultado es que inclinamos la balanza para el lado equivocado.

El amor por la lectura no se puede imponer. Surge, cuando esa personita que está al otro lado se sumerge entre las páginas de un libro y llega a sentirse como parte de la historia disfrutándola. Los niños están predispuestos a ser sorprendidos, a que su imaginación vuele con libertad, y por eso es aún más importante no defraudarles. Sembrar, cultivar y abonar su gusto por la lectura está en nuestras manos, al igual que el hecho de poner a su alcance libros interesantes e instructivos. De nosotros depende ayudar a que se forjen con solidez los cimientos de las personas que llegarán a ser en un futuro, y que su mente florezca fuerte y sana.  

Ana Coto es escritora 
y editora de Palabras de Agua

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El Bunker
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