15 abr. 2016

Los dragones, criaturas de leyenda y de magia


Criaturas mágicas, seres de leyendas fabulosas que pueblan los sueños de millones. Para algunas culturas, aterradoras bestias, para otras seres bondadosos de sabiduría ancestral. Para mí, la representación de la magia en el mundo.

Los dragones son tan viejos como el propio hombre. Aparecen en relatos tan antiguos como la mitología griega, china o egipcia. Son seres tan mágicos y tan buenas representaciones de todo lo que el ser humano quiere ser, que no debe sorprender que aparezcan tan pronto. Lo que es más que probable es que nunca nos abandonen. Y digo que representan al ser humano porque este está lleno de ambiciones, como el dragón: quiere riquezas, quiere poder, quiere volar por encima de sus semejantes. Si Dios creó al hombre, el hombre creó al Dragón a su imagen y semejanza. Un ser mágico donde depositar sus sueños y esperanzas.
Estos seres nobles, aunque también poderosos y destructivos, tienen cientos de formas que dan una idea de lo poderosa que es la imagen del dragón en la cultura popular. Desde los dragones-gato de How to train your dragon a los dragones podridos del videojuego Dark Souls, el dragón no es siempre igual, pues su magia hace que tenga mil vidas.

Muchos piensan y es muy probable que sea verdad, que el origen de los dragones está en los fósiles de los dinosaurios. Tiene toda la lógica del mundo: una persona del siglo XV encuentra un hueso de un animal gigante, quizás escamas y algún huevo y no va a pensar en que ha descubierto los fósiles de unos animales ya extintos. Pensará en un monstruo y pensará que hay muchos más de donde vino ese. Por otro lado, si piensas en el típico dragón, casi todas las partes que lo componen, son heredadas del dinosaurio. Estamos hablando de las garras, estamos hablando de los colmillos, los pinchos de su cuerpo, las escamas... La habilidad de exhalar fuego la dejamos para después.


Hablando de monstruos. Una de las muchas encarnaciones del dragón es la de ser malvado, de gran poder, una bestia salvaje -o inteligente- que se alimenta de los pobres corderos y de las vírgenes que le llegan a la puerta. Debe ser duro ser un dragón y que piensen que te gustan las vírgenes y quemar caballeros, ¿no? Pero en realidad su dura coraza aguanta eso y más y por eso, de vez en cuando, aparecen como terribles seres sin piedad en sus carbonizados corazones. Es el caso de Vermithrax, el dragón que aparece en el El dragón del lago de fuego (Matthew Robins, 1981) y que tiene un acuerdo con el Rey por el cual se le lleva, por sorteo, una doncella del pueblo para apaciguarle. En la Dragonlance, los dragones son seres habituales pero, sobre todo en la trilogía La Quinta Era, aparecen varios, terribles generales que han tomado diversas partes del mundo: Khellendrox, Malystrix...

Pero antes de llegar al cine, antes de llegar a la fantasía épica nacieron en la mitología. Una mitología que, como decía antes llega a China y Egipto. Pero también encontramos dragones en la cultura grecolatina, en las leyendas mayas e, incluso, en las historias vikingas
El dragón se puede diferenciar en dos tipologías fundamentales. Por un lado, tenemos el dragón asiático, correspondiente a la mitología de China, Japón, Corea y Vietnam. Este, suele tomar la forma de una serpiente voladora, normalmente sin alas, y con partes de cuerpo de diversos animales, el bigote del siluro, las garras de ave...  Para los asiáticos los dragones son seres de gran bondad, con poderes mágicos y la capacidad de contralas el clima y las lluvias. Para muestra, esta bonita leyenda desde el blog de Menudo Castillo. Los cuatro dragones a los que castigan por llevar el agua al mundo y se transforman en ríos para seguir haciendo el bien. Más extraño es que los dragones en esta zona sean malvados, pero también existen  casos.


Sin embargo, el dragón malvado por excelencia es el dragón medieval. El arquetipo de dragón en la actualidad y su encarnación más extendida: alas de murciélago, grandes garras, pinchos por todo el cuerpo y la habilidad de expulsar fuego por la boca. Suelen ser criaturas del mal, que disfrutan haciendo daño y comiéndose a la gente. El ejemplo más conocido y origen de todas las demás historias es la de San Jorge y el Dragón, en la que San Jorge vence el dragón a lomos de un caballo blanco y salva a la princesa. Esta historia medieval tiene una enorme simbología religiosa. San Jorge es el arma de Dios que, a caballo de la Iglesia, vence al paganismo representando en el dragón. De hecho, en la historia el reino aterrorizado por el dragón se convierte al cristianismo y abandona su culto pagano. Aquí hay una versión algo diferente en que San Jorge no mata al dragón hasta que el pueblo le bautiza... 

Para los griegos el dragón más importante es Ladón. Tanto es así que forma la constelación de draco. Ladón era un gigantesco dragón de 100 cabezas que guardaba el Jardín de las Hespérides. Cada una de sus cabezas hablaba una lengua diferente.
Hera, la reina de los dioses envió a este terrible enemigo a proteger sus manzanas de oro y como obstáculo para Heracles que se dirigía a cumplir su siguiente encargo, robar las susodichas manzanas. Para ello mata al dragón. Como agradecimiento por sus servicios Hera subió sus monumentales restos al cielo y donde desde entonces forma la constelación del Dragón (Draco).
Según la leyenda, tras su muerte su sangre corrió por la tierra y germinó en forma de dragos, árboles endémicos de Canarias y uno de los símbolos de Tenerife. 

Y esos son solo algunos de los ejemplos. Y sin empezar a hablar de un mundo donde campan a sus anchas (la literatura fantástica), que les va como anillo a la garra y disfrutan de una nueva vida, pues el mundo los ha olvidado. Porque yo creo que los dragones existieron. Y aun su magia pervive. Vive en los ojos de un niño que descubre la magia de la literatura. Está en esos que se van kilómetros lejos de su hogar para salvar a personas a las que nunca ha conocido. Aparece en aquellos que buscan -y más en los que lo crean- un mundo mejor.

Ángel G. Ropero
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